‘Un barco de papel, con mi niña yo me iré, si es necesarioooooo.
La llevaré a una cabaña, que yo compré en la montañaaaa.
Y que pagué con mi perro, mis poemas y mi guitarraaaaa.
Y ahí, los dos vivireeeeeeeemos.
Y haremos un huerteciiiiiillo.
Y venderemos sus frutos.
Pa recuperar mi perro, mi guitarra y mis versillos’.
- Esa es muy bonita, Brizna.
- Lo sé.
- ¿De quién es?
- De Manuel.
- Mía qué va a ser, Brizna.
- Nunca saldremos de ‘honraos, contigo’. No te enteras. Manuel Molina.
- No lo conozco.
- Eso ya lo supongo. No sé cómo me casé contigo.
- ¿Por el huertecillo?
- Vamos a dejarlo, vamos a dejarlo, que hay trabajo.
- Brizna, como hermano tuyo que soy…
- Si no quieres tocar el acordeón, no la toques, pero ‘callao’ un rato ya estarás o qué.
- Que digo…
- ¿No has oído a Brizna?
- No oigo otra cosa desde el 53.
- Payos, al jaleo, que llegan turistas. ¿Volando voy?
- Vamos allá.
- ¿Y si cantas esa de Manuel?
- No está hecha la miel para la boca del asno. Esta gente que viene a la trasera del Teatro Real es muy de grandes éxitos.
- Pero es una pena perder ese arte que tú tienes, Brizna.
- Eso me dijo la mama cuando me casé contigo.
- Te quiero.
- Y yo.
- A mi está situación de carabina me empieza cansar.
- ¡Tú naciste cansao! ¡Volando voy! Amos.
- Enamorao de la viiiiiiiiida, aunque a veces dueeeeeeeele…
- ¿Has visto, Jesús, esas minorías étnicas, que bien cantan? Échales unas monedillas.
- Aún si cantasen ‘Las Bulerías de Manuel’…
- ¿El qué?
- Nada, nada.
jueves, 19 de enero de 2012
martes, 17 de enero de 2012
Él nunca lo haría
Aquí donde me ven, yo tengo un pasado. Hubo un tiempo en el que fui asiento de mal culo. O de bueno, que yo de política ni sé ni quiero, bastante tengo con lo mío. Oí miles de conversaciones, vi a miles de personas y en mis brazos reposaron millones de papeles. Incluso en mi cuerpo central, sobre el que el último informe, como pueden comprobar, pasó mucho tiempo. Desde que lo dejaron ahí ni un solo día me volvieron a limpiar. Y me puse triste, como un agaporni al que le falta la pareja y muere de pena. Si al menos me hubiesen recortado los pelillos que me sobraban, si al menos me hubiesen pasado como hasta entonces un paño húmedo y suave para que no me acartonase. Pero mi dueño no lo veía así. Estaba más pendiente de su informe. Y de cambiar de sofá. Ya sé – o lo intuyo- que hay otros sofás mejores que yo, pero mírenme: pese a mi edad, aún estoy ‘cuadrao’. Vale, tengo la cadera izquierda algo más baja, correcto. Y unas cuantas tachuelas en cada pierna, bien, pero nada serio. A mi me das una ducha rápida, un poco de ambientador y me pones unas telas así étnicas que tanto se llevan y doy el pego. Tal vez mi color no sea el mejor, aunque a mi me resulta esperanzador. El verde es lo que tiene, aunque sea un verde oscuro. Ahora ha venido un señor a tirar la prensa aquí al lado –no le cabía, jijiji. Es que hacen unos agujeros enanos, la verdad, por eso estoy yo también vivaqueando en pleno enero, con el pelete que hace- y le he dicho que si no le importaba que se sentara conmigo y así leíamos los dos el periódico, que soy muy adicto. Me ha contestado que siendo yo que vale. Y eso hemos hecho. He leído que la empresa en la que está mi antiguo dueño igual se privatiza. Tonto nunca ha sido, mi dueño. De qué. La empresa ingresa 41 millones al año y gana 21, Audenasa se llama creo. Me suena. Es un nombre que he oído alguna vez, aunque creo que en el despacho él la llamaba ‘allí’: cuando vaya allí, cuando esté allí, si pudiera ir allí… Claves. Nunca te puedes fiar. A lo que iba, que hemos comentado que menudo ‘empresón’, que la mitad de los ingresos son beneficios. Oye, ni la droga. Eso es lo que me ha dicho el señor, que ni la droga. Yo de droga no sé nada. Y si supiera no diría, que allá cada cual con sus cosas. El caso es que seguro que ‘allí’ lo sofás son de piel, de esos que tienen formas redondeadas y parecen algo porque son caros. La piel suda un huevo, de toda la vida. Allá él ‘allí’. Quiero decir: que entras en una empresa que es de todos con un sueldo casi testimonial y al poco la privatizas con la excusa de que hacen falta ingresos y la nueva empresa resultante te coloca de medio jefe y con un sueldo que multiplica por mucho el anterior –con esos beneficios fácil, a ver qué empresa en 10 años amortiza una compra de estas- y te da para sofás de piel de culo de indio, que decía mi padre. Piel de culo de indio y de lo que haga falta.
Me siento como un agaporni. El señor se ha ido. Hace frío. La gente me mira con cara de entre asco y desprecio. Ni siquiera los bares de moda de Navarrería me quieren ya para sus decoraciones retro de los 70, ya pasó aquella época. Yo estaría bien en cualquier casa. Ver, oír y callar. Soy mullido, a mi manera. Me duele algo la espalda.
Pero es de todo lo que he tenido que soportar. Es que la vida no es una autopista.
Para un sofá sencillo.
domingo, 8 de enero de 2012
Me lo quitan de las ‘hands’
- Señor Alcalde.
- Llámame de tú.
- Señor Tú.
- Jodidos funcionarios… A ver, ¿qué hostias pasa?
- Que no ha venido nadie.
- Me mientes.
- Bueno, veo a una señora con un chándal azul de tactel y a su marido. Serán de Toledo.
- Aún queda media hora. Ten fe.
- No, si fe tener tengo.
- Las cosas al principio no son fáciles.
- No, si yo…
- ¿Es que te parece mal montar unos Sanfermines de invierno del 9 de enero al 15, con todo el fin de semana ahí al final, para que se nos ponga esto de turistas hasta las cartolas?
- Yo…
- ¿Para qué damos licencias de apertura de bares a troche y moche pues?, ¿para que se beban unas tristes cañas el día del juevintxo y un poco el sábado a la mañana y otro tirón el sábado a la noche, que además vienen todos mamaos de casa o de las sociedades? Pues las damos para lo que las damos.
- Ya, pero justo después de Navidades…
- ¿Y qué los organizamos, en junio? No te jode.
- Igual esperar a que pase la cuesta de …
- ¡La cuesta de Santo Domingo! A ver si te enteras, pelao: ¡no tenemos un puto clavo, necesitamos IAE’s, turistas, cuencos, tiendas, que haya mucha juerga, que la gente aparque mal, quitarles los baños públicos, ponerles una mierda de meaderos que tengan que esperar 20 minutos y meen en la calle, ponerles multas! ¡Necesitamos cash! ¿Qué agencia de publicidad ha ‘llevao’ todo el tema de San Fermín Blanco?
- Es que ya el nombre…
- ¿Cómo se llama?
- Se llama 800.000 euros más un 15% por cada inserción en prensa, radio y televisión.
- Rescinde el contrato.
- Son 300.000 más si lo rescindimos antes de que acaben las fiestas.
- Rescinde. ¿Y toda esa gente que cruza por delante a dónde cojones va?
- De rebajas.
- ¿Y toda esa gente no podía estar aquí de blanquico nuclear cocidos como gimnospermas y no comprando cosas que no les hacen falta?
- Por poder…
- ¡¡¡Ya lo tengo!!!
- ¿El qué?
- ‘Potada Park’. Vallamos lo Viejo y le llamamos ‘Potada Park’. Ampliamos horarios de bares hasta las 6, intervenimos los precios de los cubatas, cobramos un 20% de la recaudación, vendemos kebab’s en las oficinas de turismo, bocadillos de esos de jamón de Salamanca que venden enfrente a 3,50. ¡¡¡Nacionaliza esa tienda ya!!! Algo, hostia, algo.
- Los vecinos igual se quejaban.
- Los vecinos de lo Viejo son una banda de moñas. Si no se quejan de meadas, es de potadas, sino de la ley del tabaco, sino de los txistularis, de la recogida de vidrio, de las obras, de que cuando regamos las calles les mojamos las puertas y se les hinchan y no abren, sino de que la gente tiró petardos en Nochevieja…
- No fueron petardos. Eran bombas. Esas tracas había que detonarlas.
- Que se jodan.
- Eso hicieron. Tenemos 400 quejas de que no apareció ni un Municipal.
- No están los municipales para eso.
- ‘Potada Park’ me parece un poco soez.
- Soez es el estado de nuestras cuentas. ¿Tú eres el secretario del ayuntamiento o uno que pasa por aquí?
- Yo le llamaría ‘Rincón de las Oportunidades’. Y todo con un 60% de descuento.
- Menos los pisos.
- Menos los pisos.
- Y menos las multas.
- Y menos las multas.
- Montar más saraos.
- Eso es.
- Cada dos días.
- O cada uno.
- Y manifas.
- Y contramanifas.
- Subvencionar a los del 15M y que se instalen.
- Con la pasta que nos ahorramos con las subcontratas.
- Pero la Policía Municipal ni tocarla, cuantos más mejor.
- Ni tocarla.
- ‘Rincón de las Oportunidades’… No me disgusta.
- Nos follamos toda la manzana de Jarauta, que total no va nadie, y hacemos un mini golf.
- Y un estanque con truchas.
- 100 euros y puedes pillar tres truchas.
- Vete a Cipriano y a ver a cuánto está la trucha.
- Ya he ‘estao’: la reglamentaria, a unos 6.
- ¿Y las antirreglamentarias?
- Mejor.
- Ésas.
- Dile al de Cultura que la mierda de biblioteca que prepara en San Francisco que la pare.
- Ya está adjudicada la obra.
- Rescinde.
- 200.000.
- Rescinde.
- Rescindo.
- Metemos ahí una maqueta de las Huertas de Aranzadi. Cinco euros la entrada y 7 si te llevas lechuga. ¿Qué hora es?
- Menos 20.
- Y ni Dios.
- Efectivamente.
- Y los renos en los corralillos.
- Pasando un calor…
- Peor que lo de Pamplona 2016.
- Tampoco hay que pasarse.
- Peor.
- Que no.
- Que sí.
- No se venga abajo.
- Vale, va. ¿Redactas tú las ordenanzas y tal y las llevamos mañana a pleno?
- ¿Las vas a negociar con los socialistas?
- ¿Qué socialistas?
- Bueno, coño, los del PSN…
- ¡Ah, sí, claro! Luego ya nos organizamos como siempre y eso. ¿Qué hora es?
- Menos 15.
- ¿Y si tiro el chupinazo ahora y así perdemos menos tiempo?
- Por mi…
- Con lo azulico que está hoy el cielo…
- No desesperes.
- Llámame de usted. ¡El mechero!
sábado, 31 de diciembre de 2011
Voy
No sé por dónde ir,
por qué camino. Si es que hay un camino. O varios. Tengo la clásica tarde tonta
en la que no te apetece nada, una tarde del Rajastán. Y que te apetece todo. Le
daría un beso a esa chica del otro lado de la calle. Pero no lo entendería. O a
lo mejor sí. Y no sé qué es peor. También tengo que decidir si estudiar o
trabajar. Bueno, trabajar ya trabajo. Por eso estoy sentado en la escalera de
este mercado, porque trabajar cansa. Estudiar cansa, también. Soñar no cansa
nada. Yo sueño con todos los sueños que hay, a toda velocidad y sin pensar.
Sueño con irme, con quedarme, con tener un trabajo de mierda de 10 horas y
tener hijos y darles pan y que crezcan y que trabajen 10 horas de mierda y que
tengan hijos y les den pan. Y a la vez sueño con nada de eso. No sé por qué
tengo que estudiar, la verdad. Dicen que es bueno. Pero no sé para quién es
bueno. Me lo dijo ayer una amiga de mi madre. Bien, no me dijo eso, me dijo la
típica frase que te quedas con cara de tonto por no poner a tu madre en un
compromiso: ¡cómo has crecido,
Viswanathan! Claro, no voy a menguar, lela, tengo 12 años, joder. Pero te
callas. Por la paz social. La gente con tal de hablar suelta cada cosa que
acojona. Como cuando mi madre dice que tengo 12 años para 13. Hombre, madre, no
voy a tener 12 para 36. Sería un caso insólito. Aunque igual los tengo. Eso de
que se es más listo conforme se crece no lo tengo yo claro. Yo con 7 años me
sentía imbatible. Ahora estoy más confundido. Pero sé que pasará. Siempre lo
hace. Es solo cansancio. Y falta de sueño. Y de sueños. Los que sí que están
confundidos son esos y esas occidentales que vienen en manadas a no sé muy bien
qué del espíritu y la armonía y se vuelven llenos y llenas de sandalias y
flores en el pelo y cintas de Ravi Shankar y alguna clase de conjunción astral
o no sé qué. Como si aquí entregaran packs de soluciones. Yo no sé si es que en
sus pueblos no tienen amaneceres y silencio y vacas y ríos y eso o qué les pasa.
Bueno, no soy quien para decir nada. Yo también me iría de aquí a veces. Pero,
por mucho que viajes, no te acabas de mover de tu sitio. De esta escalera, por
ejemplo. Esa chica es muy guapa. Pero, con estas sandalias, si cruzo la calle
hasta ella me mojaré. Y si me cojo un catarro no podré venir mañana a trabajar.
Y mi madre se pondrá triste, porque mis hermanos pequeños aún no pueden
trabajar. Y tenemos que comer. Porque si no comes eso de buscar la armonía
universal no se puede, tienes otros problemas más serios. El nihilismo ese está
muy bien. Pero yo no tengo tiempo para pensar en eso. Eso son cosas de ricos
confundidos con cargo de conciencia, que es mejor que no tenerlo, no digo que
no. Pero tampoco que sí. Yo solo tengo tiempo para trabajar y para soñar con
qué camino coger. Si es que hay algún camino. Seguro que sí.
Hay un atardecer
precioso.
Esa chica es muy
guapa.
Tengo 12 años.
El futuro es mío.
Es solo un poco de
cansancio.
Ya pasará.
¡Feliz año!
Voy a cruzar la
calle.
sábado, 24 de diciembre de 2011
De Roy Etzel
Aquí algo ha
‘pasao’. Me quedo frito diez minutos y ya no está la partitura. Ni mi trompeta.
Hay que ver qué zapatos más feos lleva el tío. Los jóvenes de hoy en día tienen
el gusto en el culo. Que, por cierto: vaya culo que tiene también. Va a tener
que subir la cuesta del Labrit con la silla encajada. Que se joda. Por ladrón.
Claro, como soy mudo no puedo decirle nada. Pero tengo un bastón. Y tenía una
trompeta con la que me comunicaba. La gente que me suele ver con mi silla y mi
trompeta en el Paseo del Arga cree que estoy loco, pero los locos son ellos. Y
creen que porque me suba tan arriba los pantalones no tengo buen gusto. Sobre
todo los más jóvenes, esos que llevan sus pantalones que parece que se han
‘cagao’. No por ser viejo y mudo es uno estúpido. Ni por poner cara de no
entender nada. Los llevo subidos para que no se me mojen los dobladillos. ¿Para
qué querrá ese tío mi trompeta, hoy, 24 de diciembre? ¿Me levanto y le arrimo
una hostia? Se ha traído su propio atril, pero la partitura es la mía. La
distingo por los mordisquillos en los bordes. La mordisqueo cuando me siento en
la Villavesa y no puedo tocar la trompeta y me pongo nervioso con cómo habla la
gente por el móvil para todo el autobús. Como no puedo tocar la trompeta, muerdo
la partitura. Igual el tío sabe tocar y todo. O quizá esté haciendo una broma.
Yo también hago bromas. Lo que pasa es que solo las entiendo yo. Pamplona
estará hasta arriba de gente medio loca, toda junta en el mismo sitio. Y luego
el loco soy yo. En fin.
Aquí se está bien.
Luego cenaré. Como todos los días. Pero antes recuperaré mi trompeta y mi
partitura.
La partitura es de
Roy Etzel. Se llama ‘El Silencio’.
Ese tío no saca ese
culo de ahí.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Frank’s Wild Years
Los
Himba del norte de Namibia se pintan de rojo, ellas. Los hombres, ‘cremas’ como
que no. Muy típico. Las mujeres lo hacen para protegerse del sol, con una
mezcla de manteca, ocre y hierbas, extraídas de los pastos que buscan para dar
de comer a su ganado, su único medio de subsistencia. Van donde comen los
animales que ellos se comen. Se estima que quedan entre 20.000 y 50.000 himbas.
Esto, así leído, suena a conteo de ganado, pero es que nadie se ha molestado en
realidad en contarlos. Ellos tampoco se dejarían. Ni ellas. Aquí, ellos, los
niños, se acercan a las cataratas Epupa, en la que el río hace de frontera
natural con Angola. Llevan en la cabeza unas rastas o trenzas colocadas hacia
delante y según sea el tamaño y la forma de la trenza un código interno les
dice la edad, linaje y grado de pertenencia al realengo de la tribu. Vamos, un
DNI sin foto. Uno de ellos lleva en la mano una lata de Coca-Cola, que
afortunadamente para él no es Light, ni Zero, ni nada de eso que aquí tomamos tras
ponernos ciegos de txistorra. Están cogiendo agua y son felices a su manera no
occidental, porque mientras haya comida y agua y nadie les imponga cambios o
les haga ver que tienen, supuestamente, carencias con respecto a otros, qué más
quieren. Es como aquí. Cuando vengan los marcianos –bueno, ya vinieron- y nos
intenten cambiar nuestro sistema y nos quieran enseñar a cazar estrellas, igual
entonces nos damos cuenta de que no somos todo lo felices que podríamos ser. O
quizá sí. A saber. Esto estos niños no piensan, pero no por no pensar eso dejan
de pensar. Tienen otra clase de inteligencia en ocasiones mucho más superior.
Si mañana vienen los marcianos y nos aniquilan, posiblemente los Himbas
sobrevivirán y yo no. Esa lata se la habrá regalado alguno de los muy pocos
turistas que se acerca hasta estas cataratas, que se acerca pero muy de lejos a
ellos, respetando su color rojo, y sus trenzas, y sus taparrabos y sus
costumbres y su niñez. Cuando se dan la vuelta, ven a lo lejos al fotógrafo y
le sonríen. Y no le piden nada. Ni siquiera que se vaya y les deje en paz. Aquí
a los japoneses no les tratamos tan bien. Les hacemos chistes. Cuando se dan la
vuelta, los niños Himba de las cataratas Epupa ven un poco por detrás al
ejército namibio, que controla la frontera. Namibia es casi el doble de grande
que España y tiene 25 veces menos población. Su habitante más legendario es el
excepcional y cabelloroso velocista Frank Fredericks, cuatro veces subcampeón
olímpico y una vez campeón mundial, único medallista de Namibia. Su marca de
19,68 en los 200 metros
fue bastantes años la segunda mejor de la Historia.
Ayer
decía Tom Waits en ‘El País Semanal’ –que no recuerdo si traía recetas de
cocina de 200 euros y pisos de 2 millones- que “a finales de los 60, el mundo
era muy distinto al de hoy. Para el conductor también es algo que puede
resultar fascinante. No sabes quién se sube a tu coche. Ese chico puede ser Bob
Dylan antes de ser nadie, cuando aún no ha hecho nada. Sinceramente, creo que
en aquella época estábamos conectados de una manera más profunda que ahora”.
Ese
chaval de la lata quizá sea el próximo Frank Fredericks. O el próximo algo. Tal
vez sea lo de menos. Lo importante es que siga habiendo agua, hierba y que le
crezca mucho la trenza. Hasta que se vaya el ejército. Por lo menos.
Tranquilo.
El fotógrafo ya se ha ido.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Ni siquiera lo intenté
La única forma de derribar al enemigo es unirse a él. Tengo
que comprar:
-
Una cámara de fotos para hacer esta foto.
-
Un ordenador –a ser por posible portátil y así poder
llevármelo a la playa- con memoria de vaca RAM en el que descargar las fotos y
guardarlas en carpetas, unas carpetas amarillas chiquitas que al abrirlas o no
hay nada o está ahí metida toda una década. O más.
-
Otro más pequeño con memoria de pez para escribir este
texto.
-
Una conexión a Internet para poder colgar esta foto y
este texto en un blog que se llame www.clicytac.blogspot.com.
Una conexión que me permita ver en tiempo real el fútbol.
-
Un poco de alcohol 98 para pasarle con un paño a este
escaparate.
-
Un rascador de hielo para coches para despegar el papel
y el pegamento de esta pegatina.
-
Un móvil –quizá un IPhone-
para avisarle a mi amigo de que ya he limpiado el cristal y de que enseguida le
mando el texto y la foto.
-
Una caña y un agua para celebrar que arrancamos. Unas
rabas tomaremos. Y más cañas.
-
Langostinos –frescos- para congelar para el 24. Salen
mejor de precio. El 24 ya compraré percebes. Mucho alcohol, por si viene
alguien a casa y se me ha acabado el 98.
-
Unos 10 o 12 regalos. Ya veré a quién se los doy.
-
El disfraz de Nochevieja. Es tradición.
-
La compra de la semana.
-
Un coche nuevo.
-
Una casa.
-
Ropa, que solo tengo 12 camisas, 9 jerseys, 7 pares de
zapatos, 6 de pantalones, 8 abrigos, 37 camisetas, 15 calzoncillos, 73 pares de
calcetines, 4 bufandas, 3 gorros, 2 chandals, 5 zapatillas de deportes y 1
gorro ruso. ¡Viva la revolución del 17!
-
Dos paquetes de tabaco para hacer el día.
-
Una pistola.
-
Una bala.
-
Una entrada de cine para ver alguna película
comprometida.
-
Otra para ver otra que no me comprometa.
-
Algo para el ardor de estómago.
-
Una pegatina nueva para pegar encima de Aquí Servired: tu cajero automático.
-
Una en la que se pueda leer: ni siquiera lo intenté.
-
Una sonrisa permanente.
Todo esto antes de las 12. La vida es muy compleja si tienes
un objetivo. Si no lo tienes, también. Hoy hay juevintxo. Y cenas de empresa. Y mañana comidas de empresa. Y
cenas. Y pasado.
La única forma de derribar al enemigo es unirse a él.
¡Feliz Navidad!
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